domingo, 19 de septiembre de 2010
reuniendo poetas (algún día o noche aumentar la biblioteca de babel)
sólo en mi modesta biblioteca he logrado reunir, con sus poesías completas, a borges, girondo, sabines, dalton, pessoa, bonifaz nuño y benedetti; los dejo juntos, pegaditos uno al otro, como si pudieran platicar entre ellos y, sin duda, discutir alrededor del fuego de la poesía. ¿qué se contarán además de laberintos y lógicas terribles y fantásticas, mujeres que vuelan y masmédulas y personalidades desbordadas, muchachas que son fortuna, amorosos y lunas para llevar en el bolsillo, revoluciones nunca derrotadas, puertos y puertas y una lucidez como ventana al suicidio y heterónominos, biendecires de maldecires y exilio y memoria? tanto y tantos faltan por unirse. uno los mira y quedan pocas ganas de escribir, pareciendo mejor dedicarse a ser lector; sin embargo, yo también quiero participar, aunque sea desde un rincón, en la parte más alejada de cada uno de ellos, con un libro propio y, desde ahí, escucharlos y esperar y llenarme de asombro hasta que sea mi turno de hablar. mientras tanto, reúno mis piezas, sueltas o acomodadas, y salgo
jueves, 16 de septiembre de 2010
Sugestión II (o encontré algo para eliminar)
Han pasado días sin borrar algunas líneas y, en consecuencia, el nuevo libro sigue extendiéndose imperturbable, calmo, como una enredadera o musgo… ¿Acaso ahora todo lo que estoy escribiendo es literatura o es sólo un optimismo malintencionado quien lo aprueba como venga? Quizá debo darle un susto al nuevo libro –¿otro ensayo de libro?– y reducirlo, para que no ande tan confiado dejando pasar lo que sea, tanto literatura como –diría Onetti– mierda.
comentarios a una joven escritora (en potencia)
Para escribir cuentos, debes recodar lo que en su momento dijo el escritor Julio Cortázar: desde la perspectiva del boxeo, una novela es una pelea que se decide por puntos a lo largo de doce rounds; en cambio, un cuento se gana por knock out desde el primer golpe.
Considero que debes evitar trabajar tus textos como si fueran un diario o crónica -a menos que esa sea tu intención-; toma distancia de ellos e incluye elementos extradordinarios, porque la literatura nos da esa libertad: no sólo de crear fantasías -que en sí es alimentar la realidad-, sino también de hacer que las cosas sucedan y darle nombre o forma a lo que es innombrable o amorfo; al igual que cambiarle el nombre a las cosas o volverlas amorfas.
Para aprender a escribir, es decir, convertirse uno en escritor, no existen fórmulas ni manuales; pero sí hay algunas cosas que todos deben tener en cuenta: para escribir debes leer más de lo que escribas y, también, escribir mucho y borrar más; es importante alimentar de tiempo a tus textos, dejarlos de lado cuando los creas terminados y, cuando los vuelvas a leer, ver si te siguen gustando, yo les suelo dar un año o más (por cierto que un libro nunca estará terminado, sólo se marca el punto donde te detienes y se manda a impresión); nunca publiques algo que no te guste, no te preocupes de los demás ni te compares con ellos (para lo primero dirán que está "bonito", "interesante" o "me gustó", y luego seguirán con lo suyo, además, es importante darte cuenta que, como la historia del arte suele confirmalo, la opinión general es equivocada; para lo segundo, si lo que buscas es aprobación y escribir como los demás, escribirás tan mal como ellos y sumarás malos libros -me niego a llamarlos literatura- a los tantos que hay, continuando la mala fama que tiene entre los jóvenes la literatua).
Te recomiendo leer los cuentos de Julio Cortázar, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Edgar Allan Poe, Franz Kafka y Robert Louis Stevenson... Ah! y Cartas a un joven poeta, de Raíner Maria Rielke, sólo para que vayas viendo cómo va esto de escribir y si quieres seguir.
Y bueno, por falta de tiempo es todo lo que te diré por ahora, que es parte de mi experiencia, aunque todavía no sea un escritor (un último apunte: recuerda -si hacemos caso a Platón-, al final debes seguir tu propio camino porque, como diría Nietzsche, "este es el mío, ¿cuál es el tuyo?")
Qué te vaya bien bonito
Considero que debes evitar trabajar tus textos como si fueran un diario o crónica -a menos que esa sea tu intención-; toma distancia de ellos e incluye elementos extradordinarios, porque la literatura nos da esa libertad: no sólo de crear fantasías -que en sí es alimentar la realidad-, sino también de hacer que las cosas sucedan y darle nombre o forma a lo que es innombrable o amorfo; al igual que cambiarle el nombre a las cosas o volverlas amorfas.
Para aprender a escribir, es decir, convertirse uno en escritor, no existen fórmulas ni manuales; pero sí hay algunas cosas que todos deben tener en cuenta: para escribir debes leer más de lo que escribas y, también, escribir mucho y borrar más; es importante alimentar de tiempo a tus textos, dejarlos de lado cuando los creas terminados y, cuando los vuelvas a leer, ver si te siguen gustando, yo les suelo dar un año o más (por cierto que un libro nunca estará terminado, sólo se marca el punto donde te detienes y se manda a impresión); nunca publiques algo que no te guste, no te preocupes de los demás ni te compares con ellos (para lo primero dirán que está "bonito", "interesante" o "me gustó", y luego seguirán con lo suyo, además, es importante darte cuenta que, como la historia del arte suele confirmalo, la opinión general es equivocada; para lo segundo, si lo que buscas es aprobación y escribir como los demás, escribirás tan mal como ellos y sumarás malos libros -me niego a llamarlos literatura- a los tantos que hay, continuando la mala fama que tiene entre los jóvenes la literatua).
Te recomiendo leer los cuentos de Julio Cortázar, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Edgar Allan Poe, Franz Kafka y Robert Louis Stevenson... Ah! y Cartas a un joven poeta, de Raíner Maria Rielke, sólo para que vayas viendo cómo va esto de escribir y si quieres seguir.
Y bueno, por falta de tiempo es todo lo que te diré por ahora, que es parte de mi experiencia, aunque todavía no sea un escritor (un último apunte: recuerda -si hacemos caso a Platón-, al final debes seguir tu propio camino porque, como diría Nietzsche, "este es el mío, ¿cuál es el tuyo?")
Qué te vaya bien bonito
sábado, 11 de septiembre de 2010
sugestión
Han pasado varios días sin que borre algunas líneas y, en consecuencia, el nuevo libro sigue extendiéndose imperturbable, calmo, como una enredadera o musgo (el primero es todo un misterio, incluso para mí, ¿existe?, algo que nadie había escrito y, del mismo modo, nadie leerá)... ¿Acaso ahora todo lo que estoy escribiendo es literatura o es sólo un optimismo malintencionado? Quizá deba darle un susto al nuevo libro -¿otro ensayo de libro?-, y dejarlo por la mitad, para que no ande tan confiado dejando pasar lo que sea, tanto literatura como -diría Onetti- mierda.
viernes, 13 de agosto de 2010
Entrevista a Winston K. Smith (part. I, fragmento 2)
[...]
EPÁ. En su etapa como escritor ha incursionado de diversos géneros, como el microcuento o cuento breve, ¿con cuál se ha sentido más cómodo?
WKS. Eso de microcuento me parece un absurdo, porque para mí sería cuento o no (volviendo con Onetti: es literatura o es mierda); pero bueno, no suelo meterme en definiciones, para eso están los críticos o los que gustan de parcelar las cosas. Además, no puedo decir que me sienta a gusto en un género, yo escribo y sale como salga. Me explico: el cerdo, la gallina u otro animal de la granja, creen que el granjero está a su servicio –esto lo escribe más o menos Robert M. Pirsig–; así le sucede al escritor con la palabra: supone que ésta debe complacerlo, satisfacer sus necesidades de comunicación, expresión o explicación, pero se equivoca, porque él está al servicio de la palabra, la necesita; lo mismo para el caso de algunos lectores, que esperan comprender lo leído, que la literatura los haga inteligentes y van por el mundo leyendo y diciendo 'vean, soy un lector, soy listo, admírenme', cuando en realidad leer sólo nos ayuda a evitar que se nos atrofie el cerebro, pero nada puede si uno es un idiota nato [...]
El último cuento que escribí, de los que llamas breves, es este: "En un astuto y económico arrebato de palabras le dije al doctor: doctor, usted está pendejo."
[...]
EPÁ. En su etapa como escritor ha incursionado de diversos géneros, como el microcuento o cuento breve, ¿con cuál se ha sentido más cómodo?
WKS. Eso de microcuento me parece un absurdo, porque para mí sería cuento o no (volviendo con Onetti: es literatura o es mierda); pero bueno, no suelo meterme en definiciones, para eso están los críticos o los que gustan de parcelar las cosas. Además, no puedo decir que me sienta a gusto en un género, yo escribo y sale como salga. Me explico: el cerdo, la gallina u otro animal de la granja, creen que el granjero está a su servicio –esto lo escribe más o menos Robert M. Pirsig–; así le sucede al escritor con la palabra: supone que ésta debe complacerlo, satisfacer sus necesidades de comunicación, expresión o explicación, pero se equivoca, porque él está al servicio de la palabra, la necesita; lo mismo para el caso de algunos lectores, que esperan comprender lo leído, que la literatura los haga inteligentes y van por el mundo leyendo y diciendo 'vean, soy un lector, soy listo, admírenme', cuando en realidad leer sólo nos ayuda a evitar que se nos atrofie el cerebro, pero nada puede si uno es un idiota nato [...]
El último cuento que escribí, de los que llamas breves, es este: "En un astuto y económico arrebato de palabras le dije al doctor: doctor, usted está pendejo."
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Entrevista a Winston K. Smith (part. I, fragmento)
EPÁ. Continuando con otro tema, quisiera que explicara a los lectores de esta revista [Difracciones], cuáles son las motivaciones de un escritor que, como usted, se considera a sí mismo subversivo.
WKS. Bueno, primero debo señalar que ya estás dando la respuesta. Una de mis motivaciones es la subversión; pero también la queja, el decir: 'hey, me obligas a usar un traje que no me queda, por lo menos quiero dejar constancia de que estoy en desacuerdo y, si puedo, te lo voy a hacer pagar'. Ser subversivo me ha parecido la mejor forma de gastar mi vida. Probé algunos años ser gay, pero de pronto se puso de moda serlo; así que pasé a ser un hombre bárbaro, ya sabes, con barba, desaliñado y sin modales, algo misántropo. No sé si sepas, pero entre otros que fui, llegué a ser negro, para que intentaran reprimirme, para tener algo por qué luchar (cosa que tanta falta hace a los jóvenes de siempre); pero ya ves, el enemigo hizo nuevas leyes y ahora todos se dicen demócratas y asiduos a lo políticamente correcto. Una temporada estuve de revolucionario, pero carajo, uno combate un gobierno y luego viene otro peor, además, la derecha es demasiado mojigata, puritana en público, y yo la verdad disfruto ser libertino en público y en privado, sin contar que todavía no tengo intenciones de hacerme bueno ni santo, eso luego; en cuanto a la izquierda, pues no están mejor, esos creen que con estar es suficiente, que porque son de izquierda son mejores, y luego resultan peores, por idiotas.
En fin, ahora estoy probando ser escritor, de ahí que colaborara en la revista Difracciones y, vaya si se puede ser contradictorio, aceptara tener un blog administrado por ti y [risas] sólo pongo lo que no me gusta. Por lo pronto ya tengo planeado abandonar esto de ser escritor, porque también anda de moda y cualquiera escribe cualquier tontería y los amigos se lo aplauden (yo no me fiaría de ese tipo de amigos, confiaría más en uno que me diga, como seguro diría Onetti: esto es una mierda o no es), el siguiente paso es convertirme en un personaje de ficción; sé que suena complicado, pero por eso me interesa, quién sabe, tal vez en unos años hasta yo lo llegue a creer.
[...]
WKS. Bueno, primero debo señalar que ya estás dando la respuesta. Una de mis motivaciones es la subversión; pero también la queja, el decir: 'hey, me obligas a usar un traje que no me queda, por lo menos quiero dejar constancia de que estoy en desacuerdo y, si puedo, te lo voy a hacer pagar'. Ser subversivo me ha parecido la mejor forma de gastar mi vida. Probé algunos años ser gay, pero de pronto se puso de moda serlo; así que pasé a ser un hombre bárbaro, ya sabes, con barba, desaliñado y sin modales, algo misántropo. No sé si sepas, pero entre otros que fui, llegué a ser negro, para que intentaran reprimirme, para tener algo por qué luchar (cosa que tanta falta hace a los jóvenes de siempre); pero ya ves, el enemigo hizo nuevas leyes y ahora todos se dicen demócratas y asiduos a lo políticamente correcto. Una temporada estuve de revolucionario, pero carajo, uno combate un gobierno y luego viene otro peor, además, la derecha es demasiado mojigata, puritana en público, y yo la verdad disfruto ser libertino en público y en privado, sin contar que todavía no tengo intenciones de hacerme bueno ni santo, eso luego; en cuanto a la izquierda, pues no están mejor, esos creen que con estar es suficiente, que porque son de izquierda son mejores, y luego resultan peores, por idiotas.
En fin, ahora estoy probando ser escritor, de ahí que colaborara en la revista Difracciones y, vaya si se puede ser contradictorio, aceptara tener un blog administrado por ti y [risas] sólo pongo lo que no me gusta. Por lo pronto ya tengo planeado abandonar esto de ser escritor, porque también anda de moda y cualquiera escribe cualquier tontería y los amigos se lo aplauden (yo no me fiaría de ese tipo de amigos, confiaría más en uno que me diga, como seguro diría Onetti: esto es una mierda o no es), el siguiente paso es convertirme en un personaje de ficción; sé que suena complicado, pero por eso me interesa, quién sabe, tal vez en unos años hasta yo lo llegue a creer.
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miércoles, 4 de agosto de 2010
El pensamiento histórico cristiano habla de un principio y un final, de una historia lineal: aquí comenzó, aquí acabará; prefiero el pensamiento que niega principios o finales absolutos: todo está comenzando y terminando, incansablemente. ¿Es esto el "eterno retorno" nitzscheniano? Lo dudo: hay repeticiones, pero las circunstancias no son las mismas, es decir, nos convertimos en la traducción de un evento, y ya sabemos que toda traducción es distinta al original (por supuesto, no creo que la intención de Nietzsche fuera probar un eterno retorno, sino formular una pregunta terrible: ¿si todo lo que hacemos se repitiera exactamente igual, estaríamos satisfechos?).
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