¿Cuál sería el resultado de quedarme en esta fila interminable, donde siempre parece que estoy en medio y, además, hemos olvidado para qué nos formamos? ¿Cómo estar seguro de que esta fila en la que estoy formado tuvo alguna vez un comienzo, si recuerdo haber estado siempre en medio, a punto de llegar sin poder hacerlo?
Si pregunto al que viene atrás, no sabe, dice haber estado siempre a mitad de camino, aunque no está seguro; el de adelante tiene la misma respuesta, como si fuera el de atrás o yo mismo. Los tres tenemos la certeza de que, siendo lógicos, tuvo que haber un principio y, habiéndolo, entonces tiene que haber un final: es necesario que lo haya. ¿Avanzamos, retrocedemos, nos movemos acaso?
No me atrevo a preguntar si saben por qué están formados.
viernes, 26 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
Lo importante no es la idea del Eterno Retorno, propuesta por Nietzsche -aunque ya J. L. Borges la señalara como una hipótesis griega-; lo que importa es la pregunta que hace: si todo se repetirá exactamente igual, una y otra vez, entonces lo que eres, lo que has hecho ¿merece ser repetido eternamente, quieres repetirte y repetir tus actos por toda la eternidad?
En otro orden de ideas, si hemos de creer en la inmortalidad del alma, la posibilidad de una vida eterna en otro lugar (siempre en otro lugar, otro tiempo, aseguran los retóricos), sólo queda la certeza de una vida condenada al aburrimiento: fantástica, ilusoria la muerte, condenados a una vida sin muerte, ¿para qué darnos prisa en experimentar la vida?
Un último apunte, igual de prescindible: A diferencia de Marco Aurelio -citado por Borges en "El tiempo circular"-, considero que al morir no perdemos el presente, sino que finalmente lo alcanzamos, habitamos el inasible presente: ya no estamos vivos, viviendo muriendo; ahora, estamos muertos. Por mi parte, me encuentro a gusto en el destiempo.
En otro orden de ideas, si hemos de creer en la inmortalidad del alma, la posibilidad de una vida eterna en otro lugar (siempre en otro lugar, otro tiempo, aseguran los retóricos), sólo queda la certeza de una vida condenada al aburrimiento: fantástica, ilusoria la muerte, condenados a una vida sin muerte, ¿para qué darnos prisa en experimentar la vida?
Un último apunte, igual de prescindible: A diferencia de Marco Aurelio -citado por Borges en "El tiempo circular"-, considero que al morir no perdemos el presente, sino que finalmente lo alcanzamos, habitamos el inasible presente: ya no estamos vivos, viviendo muriendo; ahora, estamos muertos. Por mi parte, me encuentro a gusto en el destiempo.
martes, 23 de marzo de 2010
Las dictaduras latinoamericanas del siglo XX temieron a los jóvenes -ser joven significaba tener tendencia al crimen, un joven era el principio del pecado-, fueron considerados una amenaza, aunque para la dictadura brasileña (1964-1984) lo era el pueblo en su conjunto, el cual les parecía incapaz de gobernarse sin una elite; para la última dictadura argentina (1976-1983), Marx, Einstein y Freud habían pervertido a la juventud con sus ideas, y debían ser reeducados, alejados de las ideas extrañas al ser argentino y, claro, obedecer como militares.
Las dictaduras de izquierda construyeron utopías para el futuro; mientras que la derecha reaccionaria hacía del pasado una utopía. En México, el gobierno veía a los jóvenes como incapaces de orden, con inclinaciones al caos y la desestabilización. No resulta extraño entonces su sorpresa cuando, en septiembre de 1971, miles de jóvenes se congregaron durante tres días para el concierto de rock Avándaro, sin riñas, ordenados, sin que el mundo explotara. Al día siguiente, los medios de desinformación, alarmantes, alarmistas, vieron drogadicción, lujuria y crimen, y el gobierno decidió prohibir el rock, por subversivo y extranjerizante. El gobierno de Echeverría, y los anteriores y posteriores, decretó mediante su represión que estaba prohibido ser joven.
Ya quisieran los gobiernos que todos nacieramos adultos, listos para trabajar y evitar los malos pensamientos que se empeñan en negar el futuro como destino, privatizado, y desearían extirpar la tendencia al asombro y acabar de una vez por todas con la peligrosa imaginación.
Las dictaduras de izquierda construyeron utopías para el futuro; mientras que la derecha reaccionaria hacía del pasado una utopía. En México, el gobierno veía a los jóvenes como incapaces de orden, con inclinaciones al caos y la desestabilización. No resulta extraño entonces su sorpresa cuando, en septiembre de 1971, miles de jóvenes se congregaron durante tres días para el concierto de rock Avándaro, sin riñas, ordenados, sin que el mundo explotara. Al día siguiente, los medios de desinformación, alarmantes, alarmistas, vieron drogadicción, lujuria y crimen, y el gobierno decidió prohibir el rock, por subversivo y extranjerizante. El gobierno de Echeverría, y los anteriores y posteriores, decretó mediante su represión que estaba prohibido ser joven.
Ya quisieran los gobiernos que todos nacieramos adultos, listos para trabajar y evitar los malos pensamientos que se empeñan en negar el futuro como destino, privatizado, y desearían extirpar la tendencia al asombro y acabar de una vez por todas con la peligrosa imaginación.
lunes, 22 de marzo de 2010
Realidades
La invención de la realidad no es otra cosa que asumir una realidad única, dar por creada, limitada, sistematizada, una realidad a la que podemos acercarnos, manipular y adecuar a nuestras necesidades. Entonces, aspiramos a una realidad que, al ir concretándola, nos comienza a fastidiar y ya estamos detestándola, aunque la aceptamos. Señala Oliverio Girondo que "la costumbre nos deje, diariamente, una telaraña en las pupilas", y no tenemos, los que en verdad nos fastidiamos, otro remedio que intentar "cortar las amarras lógicas" como, agrega Girondo, "la única y verdadera posibilidad de aventura". Nos confiesa en un poema Jaime Sabines: "Yo lo que quiero es que pase algo,/ que me muera de veras/ o que de veras esté fastidiado,/ o cuando menos que se caiga el techo/ de mi cuarto un rato..."
domingo, 21 de marzo de 2010
Contra todo
El caos, el absurdo y la violencia se han adaptado, relativizado y cotidianizado lo suficiente (racionalizado el sistema, la maquinaria funciona rutinariamente y es manejada rutinariamente y somos manejados rutinariamente y nos manejamos y manejamos rutinariamente...), que al tratar de entenderlos resultan en orden, sentido y paz social: ¿Qué tan cierto es lo que escribió Albert Camus: "después de despertar en este mundo mecanizado, sólo quedan dos opciones: la reinstalación o el suicidio"?
No estoy de acuerdo con el asceta que se va al desierto porque no quiere vivir en un lugar lleno de vicios; si se va es porque no es capaz de superar esos vicios, tiene temor, porque su voluntad es débil, de ser parte de ellos (sin olvidar que no los ha probado, así que ¿cómo rechazar algo que desconoce? Me parecen más perversos todos esos que se creen santos y miran a todos los demás como demonios).
Me basta, volviendo con Camus, con no ser una plaga más y, como Alfonso Reyes, mostrar "las entrañas de la maquinaria". Además, como escribe Richard Lintakler: "Si el mundo que se nos obliga a aceptar es falso y nada es verdadero, entonces cualquier cosa es posible".
No estoy de acuerdo con el asceta que se va al desierto porque no quiere vivir en un lugar lleno de vicios; si se va es porque no es capaz de superar esos vicios, tiene temor, porque su voluntad es débil, de ser parte de ellos (sin olvidar que no los ha probado, así que ¿cómo rechazar algo que desconoce? Me parecen más perversos todos esos que se creen santos y miran a todos los demás como demonios).
Me basta, volviendo con Camus, con no ser una plaga más y, como Alfonso Reyes, mostrar "las entrañas de la maquinaria". Además, como escribe Richard Lintakler: "Si el mundo que se nos obliga a aceptar es falso y nada es verdadero, entonces cualquier cosa es posible".
jueves, 18 de marzo de 2010
Contra los otros
Como en vida, los muertos con dinero eligen a sus vecinos y, para mayor privacidad, habitan palacios mortuorios, con infranqueables bardas; así encerrados, están protegidos contra robos y, principalmente, contra los otros.
miércoles, 17 de marzo de 2010
De ausencias
No sé antes, pero ahora las distancias no son cuestión de medidas métricas u horarias; actualmente, uno puede parecer demasiado lejos y, sin embargo, encontrarse a la vuelta de la esquina, incluso a un lado, ausente.
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